¿Black o Green Friday? Es tiempo de cambios…

El Black Friday o “viernes negro”, pura tradición consumista venida directamente desde Estados Unidos, ha aparecido hace menos de diez años en España y no para de crecer cada año. Este acontecimiento se ha convertido en un paraíso de los descuentos. Al principio exclusivamente en internet, ahora se ha extendido al offline. De hecho, según datos de GfK, el 72% de las ventas del año pasado se realizaron en espacios físicos mientras que el 28% procedió del comercio online.

En 2018 se generó un 7% más de ventas que durante la semana del Black Friday del año anterior. Esta cifra es mucho más alta si comparamos una semana normal con la del Black Friday del año pasado: ¡un 220% más de ventas! España es por tanto el país europeo en el que más se aprovecha el Black Friday. Estas cifras pueden parecer muy positivas, pero hay otros aspectos que no lo son tanto.

En Francia por ejemplo se está debatiendo una ley “antidesperdicio” que impida las campañas de promociones del Black Friday, sus defensores denuncian un modelo de consumo “antiecológico y antisocial”. En España, un referente mundial de la moda sostenible como Ecoalf ha lanzado la campaña #RecyclingBlackFriday señalando que no se sumará al Black Friday.

Black Friday o no, es tiempo de cambios…

¿Pero por qué? Porque el Black Friday es el emblema del sobreconsumo y un impacto nefasto para el medioambiente: mucha gente pide muchos productos de los cuales muchos serán devueltos o se usarán nada más que una temporada o dos para acabar en la basura. Y no es todo.

Desechos físicos por el Black Friday

Los smartphones, las televisiones y los portátiles están entre los productos más buscados durante el Black Friday. Mientras tanto, un buen número de estos productos está presente en la lista de desechos que más crece cada año en el planeta: los desechos electrónicos (que contienen componentes tóxicos tales como el plomo, el mercurio, el bisfenol A). Cuando estos son eliminados de manera inapropiada, las toxinas pueden infiltrarse en el suelo y tener impactos considerables.

Solo nombraremos brevemente los juguetes (de plástico, envueltos en plástico) y la ropa (un ciudadano estadounidense medio tira alrededor de 30kg de textil cada año), que también son delincuentes medioambientales pero que salen de nuestro campo de acción.

Problemáticas y buenas prácticas para los comerciantes

Emisiones de gases

Si el objetivo es el de dar salida a todo el stock restante en el corto plazo, no queda otra que el envío rápido de estos productos es una fuente de emisión de gases de efecto invernadero. Somos numerosos los que sucumbimos a la llamada del envío “prime” (en gran parte por la comodidad de recibir los productos al día siguiente de haberlos pedido y también en buena parte por sentirnos como en una mañana de Reyes deseosos de abrir nuestros regalos).

Pero Climate Lab ha constatado que los envíos urgentes utilizan deforma general más vehículos diésel y están peor organizados que los servicios de envío más lentos (generando emisiones de CO2 más importantes). De este modo, es primordial para los comerciantes electrónicos anticiparse a la afluencia de envíos, así como preferir un servicio un poco más lento de lo habitual y facilitar la devolución de los productos (porque es una certeza, las habrá). Esto es posible analizando el comportamiento de los consumidores en periodos similares gracias a herramientas de analítica eficaces.

Sobrecarga de almacenamiento

El Black Friday genera igualmente almacenamiento y tratamiento de datos que producen millones de toneladas de gases de efecto invernadero. No nos vamos a engañar, este evento supone un número ingente de páginas vistas, picos de llamadas a los servidores que solicitan una enorme banda de datos y capacidades de almacenamiento desmesuradas. Sin embargo, hay formas de limitar estas prácticas.

Campañas al mar

Campañas promocionales sin ton ni son, lanzadas sin ningún tipo de criterio, y millones de correos que se envían como botellas al mar… ¿Lo peor? Lo peor es que todas estas acciones tienen un coste medioambiental y presupuestario (con varios partners implicados) para una operación que solo dura de uno a cuatro días y, sobre todo, que perfectamente podría ser evitado. Se identifica el Customer Journey y gracias al uso de una herramienta de atribución, es posible centrarse eficazmente en cada consumidor, limitar el impacto de carbono y optimizar al mismo tiempo el presupuesto… ¡Todo beneficios!

En efecto, la atribución juega un papel fundamental. En modelos centrados en el last clic, las estrategias de target tendrán tendencia a favorecer los target ya muy fidelizados y conocidos, como el CRM o los visitantes del sitio, no obstante, son targets a los cuales nos podemos dirigir con una huella de carbono mucho menos elevada, como por ejemplo con la personalización onsite o un mailing muy dirigido que permita no malgastar la inversión en targets poco receptivos.

Black Friday o no, es tiempo de cambios…

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El Equipo Eulerian
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